jueves, 31 de diciembre de 2009

Policías golpean y ultrajan a comunicadores hondureños


Resucitan el salvajismo de los ochentas los gorilas golpistas. Ahora el objetivo es intimidar, presionar el silencio, callar la voz del pueblo. En los últimos días de diciembre, dos comunicadores populares Gilberto Ríos y el poeta René Novoa han sido objeto de sendas golpizas, intimidación, encañonamiento con armas de grueso calibre y amenazados de muerte. Con el más completo descaro y en total arbitrariedad de lo que les prescriben sus funciones, los policías, que se mueven en patrullas de 5 y 6 policías, se avalanzan contra el objetivo y comienzan a propinar la golpiza sin mediar palabra, luego encañonan con las armas que el mismo pueblo ha comprado para su defensa y amenazan con matar si no guardan silencio en relación a los desmanes de los gorilas dictadores. Las oficinas de El Libertador han sido objeto de asalto, al igual que las instalaciones del canal 36 de televisión y Radio Globo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Tres Cadáveres Existenciales de Jorge Martínez Mejía

Imagen de Bianca van der Serf



La visita


Cuando los niños trajeron al pequeño gorila a casa, su zarepé a penas tenía pelo. Era similar al Pingüiñoño (La Mona) que Karen me había regalado en nuestra primera cita, cuando desafortunadamente la dejé esperándome mucho tiempo y por lo que tuve que pedirle disculpas infinidad de veces. Era una tarde en la que no recuerdo por qué tuve que quedarme en casa. Sólo estábamos la trabajadora (una mujer de origen lenca); Ángel, el pequeño chimpancé de siete meses; y yo, releyendo la entrevista que Elena Poniatowska le hiciera a Octavio Paz. Para ella Octavio Paz era el heredero auténtico, la encarnación de Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo, San Juan de la Cruz, Lope de Vega; un Narciso contemporáneo, un Dionisos, la palabra poesía hecha hombre. En fin, leía con esa sonrisa de sorna que normalmente me producen las lisonjas sobrehumanas, retirado del bullicio. De pronto, la santa disposición del silencio se esfumó, la parsimonia de la tarde comenzó a temblequear con la caravana de niños que se acercaba estremeciendo la hierba que se esforzaba en medio de la sombra de la empalizada. Me incorporé y desde lejos vi que se trataba de algo inusual, su sorpresa y la cara de estúpidos que tenían muchos de ellos, unos veinticinco aproximadamente. Al fin llegaron. Yo los esperaba en la entrada de la estancia.

- ¿Y esto?
- Lo dejaron botado los del circo. No se lo quisieron llevar.
- ¿Y por qué lo traen aquí?
- Porque a ustedes les gustan los monos…

El gorilete se me quedó mirando con una mirada débil, pero en el fondo de la pupila le hormigueaba una luz infame.

- No es malo, pero creemos que ustedes aquí tienen comida para monos y si se enferma lo pueden curar. Eso nos dijo el profesor de Sociales.

Los pobres niños se notaban en apuro, como queriendo hacer una obra de beneficencia. Estaba frente a una pequeña asamblea infantil haciéndome una petición pública. Está bien, les dije, pónganlo ahí, cerca de Ángel.

Lo dejaron en el suelo, en la pequeña plataforma de cemento donde Ángel, tranquilamente, se mondaba las uñas.

Los niños hicieron un gesto y se fueron por donde habían venido. El gorilita anónimo no se sentó, quedó parado, erecto, con los enormes brazos casi arrastrando, pero en una pose extrovertida, sin timidez, casi dominante. Volteaba el rostro escudriñando todo. La luz de la tarde se iba haciendo cada vez más débil y en la estancia sólo se escuchaba el tintineo de la cocina. Un poco más cerca, en la mecedora, observaba al recién llegado. La comedia estaba a punto de comenzar. Yo no tenía ningún interés en iniciarla, observaba al pequeño mono que se paseaba con las manos atrás escudriñando la casa y viendo ocasionalmente el plato de comida que Juana había puesto en una mesita. El demiurgo estaba ahí. El mago de la mirada, de la química y la historia. Algo iba a suceder en cualquier momento y yo estaba listo para no perdérmelo. La luz caía suave sobre el zarepé desnudo del pequeño gorilín. Esclavo de la mirada, del tablado hecho de cemento, del ruido a penas discordante de las manos de Juana en la cocina. Octavio Paz en sus conferencias y su poesía sin sentimiento, libre de la pasión visceral. Los ruidos nocturnos comenzaron a caer. El gorilete se fue acercando a la luz. Juana, alcanzándome la taza de café, me dijo: “Yo creí que tenían pelo en el culo”. En la infame luz de los ojos de la visita se dibujó un poco de vergüenza.




Hacia arriba es más oscuro


Me dediqué a matarte, a deshojar tu leyenda. Vi a los jóvenes, a los pequeños sansones y a los médicos aporrearte. Todos te lanzaron a la oscuridad, al frío intolerable, al risco donde un pájaro hembra enumeraba tus gritos. Cuando caías estuve más atento que de costumbre sólo para ver si de los huesos rotos se levantaba algo, y sólo el ruido, el chasquido, el eco infame del dolor te repetía. Me dediqué a matarte. En lo más oscuro de la hondonada, volví a verte, en clara alusión a mi antigua mitad. Hacia arriba era más oscuro, y una suerte de silbido husmeaba otra vez, como al principio.




Lo bello muere


No sólo cambia lo bello, también muere, cae de costado sobre el fango. Lo otra vez alguien hizo sopa casera y era hermoso el trébol blanco posando como una hoja de arce sobre el agua tibia y picante; ambulaba solitario, caminante pensativo. Lo bello es incendiar un lago, yacer sepultado en la alfalfa con un balazo en la frondosa higuera. Prueba otra vez cuando todos creamos y será distinto.
Lo bello muere o cambia de lugar y es un lagarto de amables cactus debajo de la almohada.
Encuentra ese momento y devuélvelo al aire, hecho ceniza.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El día que los golpistas dijeron la verdad

Imagen: Cornelia Parker´s, Cold Dark Matter

A Walter Tróchez, defensor de los derechos humanos, asesinado el 13 de diciembre y, en él, a todas las víctimas de la represión fascista.


Por Helen Umaña



«Creo que Zelaya ya es historia», afirmó el gobernante de facto en los primeros días de diciembre. Como haciéndole eco, similares palabras pronunció Porfirio Lobo poco después de las ilegales y fraudulentas elecciones. Y aunque la intención de tales palabras implicaba el querer lanzarlo al pasado como un personaje políticamente acabado o muerto, en un sentido profundo y trascendente, ni Roberto Micheletti ni Porfirio Lobo se equivocaron: el presidente Manuel Zelaya Rosales ya pertenece a la Historia y su nombre jamás podrá ser borrado a la hora del recuento de los sucesos esenciales del siglo XXI en Honduras, en Latinoamérica y en el mundo.
Para corroborarlo, pensemos en los innumerables textos que proclaman su condición de símbolo: canciones, poemas, caricaturas, fotografías y dibujos… grafican e interpretan diversos significados que conectan con las más sentidas necesidades de estas latitudes del centro de América. Desde los textos espontáneos pero cargados de intensa emotividad, a las expresiones que obedecen a parámetros de mayor exigencia y elaboración. Y todos han surgido no por manipulación forzada sino para dar salida al cúmulo de sentimientos que su figura convoca: cariño, admiración, solidaridad, compañerismo, indignación, agradecimiento, lealtad… Sin vuelta de hoja, como dice la certera metáfora popular, la forma hidalga y digna con que el Presidente Constitucional reaccionó al golpe de Estado, lo catapultó a un nivel que los autores de este delito ni siquiera sospechaban.

La reacción de los sectores marginados de la sociedad hondureña y de los grupos que a ella se integran no surgió por generación espontánea. Al respecto, los historiadores del país, los que apoyan sus afirmaciones con datos, con estadísticas y con citas de pie de página probatorias de lo que afirman, sabrán hacer un minucioso recuento de las acciones que Manuel Zelaya realizó o impulsó y las cuales, al tocar los intereses económicos de la oligarquía hondureña y de las grandes corporaciones internacionales, provocaron el golpe de estado militar-empresarial-institucional que, violentamente, lo sacó del ejercicio de sus funciones de gobierno.
Los sectores más oscurantistas del país lo expulsaron, a punta de bayonetas, de Casa Presidencial, pero no de la Historia. En similar paralelo, en 1842, Francisco Morazán fue derrotado políticamente y asesinado por las fuerzas más reaccionarias de su época. El paso del tiempo reivindicó totalmente su nombre y comprobó la razón que le asistía. Igual sucedió con Jacobo Árbenz en Guatemala y Salvador Allende en Chile. La historia, como dice Gabriel García Márquez, parece dar vueltas en redondo.

Indefectiblemente, lo mismo ocurrirá con Manuel Zelaya Rosales. Que no se equivoquen los golpistas: en el recuento histórico, el balance final lo favorecerá como el primer presidente hondureño que trató de revertir un statu quo de privilegios y quiso poner un alto a la dependencia del Imperio que, por decenios, ha visto a Latinoamérica como patio trasero y fuente de recursos estratégicos vitales.

Quizá ese espíritu aguerrido se remonte a la época de la colonia cuando sus ancestros empezaron a roturar la tierra y a vivir de sus productos generosos. Criollo auténtico, entre sus antepasados está el cura José Simeón Zelaya que, en 1756, inició la construcción del templo mayor de Tegucigalpa, la iglesia de San Miguel Arcángel.

O tal vez, en Manuel Zelaya, el espíritu anticonformista provenga de haber respirado los aires olanchanos. Fragancias purísimas que fortalecieron y alimentaron temperamentos tan imbatibles como los de sus coterráneos Serapio Romero (alias Cinchonero), Froylán Turcios, José Antonio Domínguez, Clementina Suárez y Medardo Mejía. En todos, la rebeldía frente a la injusticia signó su conducta.

Mel Zelaya —como amistosamente lo nombra el pueblo— desde el acto inaugural de su gobierno, expresó esa rebeldía con un gesto que causó estupor e indignación entre propios y extraños: rechazó el discurso oficial que le habían preparado y, con libertad, trazó su propia ruta: la de trabajar buscando el empoderamiento de los sectores tradicionalmente marginados: la Ley de Participación Ciudadana fue aprobada el mismo día que asumió el mando. Para decirlo en buen castellano, —quizás sin que Manuel Zelaya lo advirtiese con total claridad— había activado un poderoso resorte: la visualización del derecho del pueblo a participar en la toma de decisiones en aquello que a sus intereses concerniese.

El Poder Ciudadano estaba en marcha. Y la filosofía que estas dos palabras implican caló hondo en la conciencia de los sectores que, por siglos, han soportado la marginación y la opresión. Véase, si no, las dicentes imágenes que circulan por el mundo en vídeos terribles y a la vez maravillosos: rostros curtidos, bocas desdentadas, mujeres con amplios delantales, garífunas de tambores retumbantes, estudiantes de raídos pantalones… «de pie los pobres del mundo», como dice el estigmatizado himno.
Al finalizar el primer año de trabajo, en 2006, el país cerró con buenos indicadores de tipo económico. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por primera vez en 16 años, colocó a Honduras en uno de los primeros lugares de crecimiento de la región centroamericana. En 2007 comenzó el programa de protección de los bosques hondureños, especialmente el ecosistema de Río Plátano. Se impulsó el Consejo Hondureño de Ciencia y Tecnología (creación del CEETI) y, sabiendo lo que la educación realiza en materia del despertar de la conciencia, se compraron treintamil computadoras para tecnificar a las escuelas públicas del país. Luego vendría la lucha por el abaratamiento de los combustibles y las negociaciones con Petrocaribe. La incorporación al ALBA y los grandes proyectos agrícolas, educativos y culturales. Los convenios de cooperación en materia de salud con Cuba y Venezuela. El impulso a la energía hidráulica con involucramiento del gigante brasilero. La elevación del salario mínimo a niveles de relativa dignidad. Para culminar con el fundamental propósito de reformular las bases conformadoras del país a través de la elaboración de una Constitución que respondiese a las necesidades de un siglo XXI abierto a las formas participativas, multiculturales y multiétnicas que, en Latinoamérica, exigen la autodeterminación y la vigilancia extrema sobre las riquezas naturales de la región.
Estaba en juego, con la mira en una distribución más equitativa y más justa, todo el tinglado económico detentado en forma hipertrofiada por una burguesía desnacionalizada, avorazada e inhumana que, además, siempre ha actuado en connivencia con el poderío extrafronteras, alertado, además, por el fuerte olor a petróleo que emana de La Mosquitia.

El camino que poco a poco fue afirmando Manuel Zelaya Rosales no fue fácil. Pronto tendría que luchar contra lo que él llamó «los poderes fácticos»: las omnímodas familias, la mayoría de ascendencia árabe o palestina que, por manejar los hilos del entramado económico del país, pronto se lanzaron a una guerra sin cuartel contra él y cuya expresión visible se tradujo en una orquestada guerra mediática cuyos efectos nos llevarían al fatídico 28 de junio.
A partir de esa fecha, la historia de Honduras dio un giro completo. Del desconcierto y la cólera iniciales se pasó a la integración de la mayor fuerza combativa que se ha visto en las calles del país. La llamada Resistencia Popular creció como la espuma y empezó a escribir páginas memorables ampliamente documentadas que le ganaron el respeto del mundo y cuya manifestación culminante fueron las famosas jornadas cuando, hacia Tegucigalpa y San Pedro Sula, convergieron millares de caminantes que provenían de los cuatro puntos cardinales de la República. Multitudinarias fueron, también, las celebraciones del 15 de septiembre cuando, de nuevo, las calles fueron insuficientes para contener a una Resistencia plena de confianza en la justeza de su lucha.
Con el aparente éxito de la estrategia diseñada desde las oficinas de Hillary Clinton, los sectores involucrados en el golpe de Estado (embajada, ejército, iglesia, congreso nacional, corte suprema de justicia, partidos políticos…), a través de sus comentaristas oficiosos y oficiales, han proclamado, con aire de triunfo, la debacle de la Resistencia. Pero quienes la integramos sabemos que no es así. La solución de la problemática social únicamente se ha postergado. Pero no hemos renunciado a la construcción de la patria que anhelamos. Enarbolando el principio de la lucha pacífica, sabremos encontrar el camino que dé satisfacción a nuestras demandas y cuya expresión será una nueva Constituyente.

Manuel Zelaya Rosales nos hizo ver que ello es posible. Esa es nuestra gran deuda con él. Pudo cometer errores (y quizá el más grande fue confiar en las palabras maquiavélicas del Departamento de Estado y de la Sra. Clinton, a través del ignominioso papel jugado por Óscar Arias), pero hizo tangible un sueño: el de la posibilidad real de luchar, con nuestros propios medios, por la Honduras que brilla en escritores preclaros de nuestra historia. Pienso en «Soñaba el Abad de San Pedro y yo también sé soñar» de José Cecilio del Valle; el Manifiesto de David de Francisco Morazán; el Boletín de la Defensa Nacional de Froylán Turcios; Los diezmos de Olancho de Medardo Mejía; los grandes poemas de Alfonso Guillén Zelaya, Clementina Suárez, Roberto Sosa, Pompeyo del Valle, José Adán Castelar y otros.

Porque, si leemos bien, con un profundo sentimiento de orgullo e identificación, advertiremos que lo mejor del mundo de nuestras letras y de nuestro arte, desde siempre, ha estado y está con la Resistencia.

San Pedro Sula, 16 de diciembre de 2009.

(Texto leído durante la entrega de los premios de locución a Radio Progreso, Radio Globo y Cholusat Sur).

jueves, 17 de diciembre de 2009

Pastor Fasquelle: Mentiras Publicadas: el corolario de Clinton y una pregunta simple



Miércoles 16 de Diciembre de 2009.


Rodolfo Pastor Fasquelle*


Que esto sea una contribución a la "Comisión de la Verdad" que los Estados Unidos insiste es uno de los requisitos del roto Acuerdo que todavía no se ha cumplido. Hay algunas verdades en las que todos parecen estar de acuerdo. Estoy de acuerdo con Micheletti y con Pepe Lobo cuando ambos repitieron la semana pasada la línea que algun "asesor" (quien, según tengo entendido, piensa poco de la historia, tal vez M. Klugman) debió proveerles: que "el presidente Zelaya ya es historia".


Muchos presidentes de Honduras serán olvidados, ya que de hecho renunciaron a manejar diferentes tipos de crisis. Como muchos en el Movimiento de Resistencia acepto que la restitución del Presidente es un tema del pasado. Nadie está ya más interesado, incluido el Presidente. Pero el golpe hará de Presidente Zelaya una referencia histórica obligatoria. Varios de los temas que abordaré aquí - quizá todos – son problemas de la historia, que ya no pueden ser enmendados. Algunos de nosotros sin embargo, todavía creemos que la historia es relevante y ya que es mi oficio, me siento obligado a confrontar estas cuestiones. Los golpistas harán nada de lo ocurrido justo porque es pasado, o harán de Zelaya una figura menos relevante llamándole "histórico".


Una vez más hay declaraciones sujetas a interpretación con las cuales la gente puede estar en desacuerdo: si o no el régimen establecido en Honduras era una "democracia representativa" o si una reforma constitucional habría sido suficiente para poner remedio a nuestros problemas estructurales, o si o no la reelección es conveniente (aunque es mal visto en la tradición latinoamericana como una estratagema de los dictadores, que rutinariamente se practica aquí en los EE.UU. y al parecer la mayoría de los aliados de Estados Unidos como Uribe, García, Fernández y Arias creen en la reelección), si es en "el mejor interés de los Estados Unidos ", para que el golpe de estado esté en pie. Estas son cuestiones de opinión, cosas discutibles, aunque, por supuesto, las opiniones pueden ser más o menos fundadas. Pero también hay mentiras. Mentiras descaradas. Errores simples. Incontrovertibles falsas afirmaciones.


Me gustaría presentar al Dr. Noam Chomsky una pregunta sencilla sobre cuatro de las muchas mentiras.


1. Afirmar que la encuesta prevista para el 28 de junio era "un voto" o era un "referéndum" y que su objetivo era permitir al presidente Zelaya extender su mandato o ser reelegido es una mentira.


La encuesta fue una encuesta, que estaba justificada por la plataforma del Presidente Zelaya para empoderar a los ciudadanos y por la Ley de Participación Ciudadana, aprobada por el Congreso el día su inauguración como presidente. Ningún resultado posible de la encuesta, o del referéndum podría haber permitido-y mucho menos autorizado--- al Presidente Zelaya mantenerse en el poder, ni tampoco suspender las elecciones del 29 de noviembre. Ni las elecciones ni el referéndum hubieran autorizado su candidatura futura.Si los resultados de la encuesta hubieran sido vinculantes, éstos sólo podrían haber forzado el referéndum que se habría producido el pasado domingo (de noviembre), bajo la supervisión del Tribunal Electoral. El resultado de ese referéndum, si hubiera estado a nuestro favor, sólo tendría la obligación del nuevo gobierno (elegido hace dos semanas) a convocar una Asamblea Constituyente en los próximos cuatro años. Pero ya que no era vinculante, el único resultado de una respuesta favorable de la población a la encuesta del 28 de junio habría servido para justificar una petición de Presidente Zelaya al Congreso a fin de que el referéndum (Cuarta Urna) fuera instalado por el Tribunal Electoral, una petición que el Congreso podría haber negado.


Cientos de veces este punto se ha explicado de manera exhaustiva. Parece lógico que los golpistas en Honduras ignoren estas explicaciones ya que el argumento contrario es fundamental para su frustrada lógica formal. Pero, ¿cómo puede explicarse que la prensa americana una y otra vez desde el primer momento y hasta este día repite la acusación del régimen golpista que el presidente Zelaya celebraría una "votación" ilegal para mantenerse en el poder, como si fuera su propia tesis. ¿Y por qué el Departamento de Estado nunca aclaró esta mentira? Detrás de una mentira hay siempre un misterio?



2. Es una mentira que la expulsión forzada del Presidente no fue un golpe de Estado debido a que las distintas "instituciones independientes" en Honduras respaldaron esta conspiración organizada y que constituía una pacífica "sucesión constitucional". Un viejo truco con las palabras. En su reciente libro sobre Chile, “Una Nación de Enemigos,” Arturo Valenzuela, recuerda que después del golpe de 1973 contra el Presidente Salvador Allende, Pinochet declaró repetidas veces que este "no fue un golpe de Estado". (Se trataba de "un movimiento militar para salvar a la Nación".) El hecho de que el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral coincidió contra Presidente Zelaya es invocado como si no es evidente que todas estas instituciones derivadas de un dictado del Congreso y violando los límites de su autoridad legitimaron el consumado secuestro y la expulsión del Presidente por la fuerza de las armas.


La Corte Suprema de Justicia en conjunto acababa de ser elegida por ese mismo Congreso, sin ninguna consideración de las propuestas del Presidente, con ocho magistrados del Partido Liberal y siete para el Partido Nacionalista y el Tribunal Electoral había sido seleccionado por ese mismo Congreso, pocos días antes del golpe de Estado, con la flagrante ilegalidad de la elección de los funcionarios electos (un diputado y un regidor municipal) como representantes de cada uno de los partidos tradicionales, cuando la ley especifica que los funcionarios electos no pueden ser magistrados. Así la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Electoral respondieron al Congreso y a los jefes de los partidos y de ningún modo actuaron de forma "independiente". Bajo la Constitución, que el régimen golpista argumenta que "defiende", el Congreso no tiene el poder de la destitución. Es por eso que inventó la "mentira" de la carta de renuncia que tuvo que descartar más tarde, cuando fue denunciada como falsa y la Corte Suprema carece de autoridad para destituir a un Presidente.


Aunque el Congreso pudo posiblemente haber acusado al presidente y la Corte de Justicia procesarlo y llamarlo a juicio, pero esto nunca ocurrió. La supuesta orden de "arresto" de la Corte Suprema al Presidente es otra mentira, nunca fue mencionada antes si no hasta después del golpe y nunca se cumplió; el Presidente no fue arrestado; fue secuestrado. La Corte Suprema nunca lo acusó de nada antes de que él se encontrara fuera del país. Nunca se le ordenó presentarse a juicio, nunca lo sometieron a un interrogatorio, y mucho menos le otorgaron la oportunidad de defenderse. Tampoco esta Corte Suprema ha procesado a sus secuestradores, aunque tímidamente, ha declarado que los militares "sobrepasaron" sus órdenes.


Ahora, el Departamento de Estado norteamericano no ha abrazado totalmente esta mentira; casi todos los funcionarios a Obama lo han llamado un golpe. Después de algunas vacilaciones, incluso el Departamento de Estado lo ha calificado como un golpe de estado. (Aunque se negó a llamarlo a un golpe militar, que parece ser crucial para el tema de la ayuda?). Pero la prensa americana y académicos americanos y muchos congresistas muy vocales han insistido reiteradamente en que "no es un golpe de Estado". (Vean por favor las declaraciones de senador DeMint y el Dr. Schomaker-Matos y los editoriales de The Washington Post que recomiendan reconocer los resultados electorales por estos motivos.). Las mentiras son también funcionales, éstas sirven propósitos.


3. Quien diga que las elecciones de 29 de noviembre fueron legítimos porque habían sido "convocadas" ante de la crisis, y sus resultados "expresan la voluntad del pueblo", son mentiras. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha adoptado esta mentira en nombre del pragmatismo, porque se supone que ayuda a resolver el problema. Unas elecciones celebradas bajo un régimen de golpe de estado ilegal, bajo el control militarizado, en un estado policial, no pueden ser legítimas. Por razones formales, los resultados han sido repudiados de manera irreversible por los países latinoamericanos más importantes, a pesar de la increíble presión del Departamento de Estado. Más importante aún, debido a la abstención masiva, a pesar de la cohersion (y la mayoría de los hondureños saben que no votaron, la espiral no los engañará a ellos) y porque las elecciones se celebraron después de cinco meses de brutal represión, miles de detenciones ilegales, violaciones de derechos humanos, los asesinatos selectivos y la censura, sus resultados son repudiados por una gran parte de la ciudadanía hondureña.



Los conspiradores mienten cuando dicen que hubo una "masiva" participación. Incluso después de un tratamiento estético cuidadoso de los números, el Tribunal Electoral se ha visto obligado a reducir el tamaño de la participación de un anuncio absurdo inicialmente triunfante del 80% al 65% a 52%, sin embargo, incluso esta cifra, apoyada por la ONG financiado por el gobierno de los EE.UU. y con base en los números del Tribunal Electoral es una mentira. Según nuestros cálculos más cuidadosos, el 35% de la población votó a favor de un candidato determinado; nunca había habido tantos votos en blanco o nulos, con lo que la participación total podría elevarse a 42%. Encuestas independientes tomadas después de las elecciones nos dicen que el 58% de los hondureños repudian el golpe de Estado. Así, los resultados no son representativos de un sentimiento popular y no será aceptada por la mayoría como una legitimación de un nuevo gobierno, a pesar del reconocimiento por los Estados Unidos y otros cuatro gobiernos latinoamericanos, que ya están teniendo grandes problemas con sus propios ciudadanos y los partidos por la concesión de ese gran favor al Departamento de Estado. Los Estados Unidos ha socavado efectivamente su base política y su propia credibilidad. Es, en consideración de esto que el NY Times la semana pasada llegó a la misma conclusión que el Dr. Chomsky declaró varios meses antes, que la política exterior del presidente Obama es la misma que la de Bush.



Y es una mentira que un "oponente Zelaya ganó", según la prensa de Estados Unidos insiste, porque, aunque Lobo fue su rival en las elecciones de hace cuatro años, el Presidente Zelaya no participaba en esta elección, y sus detractores eran Micheletti y el candidato del Partido Liberal Santos, que fueron terriblemente humillados por el rechazo de los partidarios liberales a respaldarlos.


Y el reconocimiento de los resultados electorales no ha contribuido a resolver los problemas planteados por el golpe, que nunca fueron un asunto en la elecciones; más bien les ha complicado, catalizando un cisma definitivo en el continente y ha hecho de Honduras un país más inestable y difícil de gobernar. Nadie tiene la intención de invertir en este país y la economía está en crisis. Sólo una minoría va a obedecer a su nuevo gobierno pacíficamente. La contínua represión ha reducido, pero no ha vencido la resistencia, sobre la que el control presidencial "es historia" ahora. En vista del empeoramiento de los abusos a los derechos humanos certificado por todas las organizaciones internacionales, e incluso por la Embajada de los EE.UU. en su sitio web dedicado a este tema (aunque esto fue acallado por el portavoz), para pretender que el problema está en vías de solución es una mentira notoria y encubre un régimen de terror en nombre de una desmentida Democracia. "Inquietante" dijo el embajador Llorens cuando yo señalé el cadáver decapitado de un líder de la resistencia hace un par de días!



4. Por último, está la mentira consumada de Estados Unidos, del subsecretario de Estado Valenzuela, cuando declaró la semana pasada que "desde el 28 de junio, los Estados Unidos, ha sido siempre de principios" con respecto a Honduras, que ha trabajado con organizaciones multilaterales, condenó el golpe, siguió reconociendo Zelaya como Presidente durante la crisis y que hubiera querido tenerlo restituido y que estaba "decepcionado" por la decisión del Congreso en contra de la restitución. (Departamento de Estado de EE.UU., 3 de diciembre) y la Sra. Clinton hizo eco el día antes de ayer que "Estados Unidos está dedicado a los principios democráticos". Esa es la peor mentira de todas, porque es transparentemente, cínica y oficial. Estados Unidos nunca condenó públicamente los abusos de los derechos humanos. Sus portavoces ni siquiera mencionaron los abusos si no hasta hace unos días. Se anunció que recortaría la ayuda, pero ni siquiera disminuyó la de los canales más importantes de la Cuenta del Milenio.


Dijo que Estados Unidos se suscribiría a una política multilateral, como lo prometió el Sr. Obama a sus electores y a los presidentes de América Latina en Trinidad, en abril pasado. Inmediatamente después del golpe (en la que algunos de sus agentes fueron cómplices), Estados Unidos lo condenó como ilegal e inconstitucional. Declaró que apoyaría las resoluciones de la OEA. y de las Naciones Unidas (la que pedía el regreso "inmediato e incondicional del Presidente Zelaya"). Sin embargo, la secretaria Clinton utilizó un lenguaje más ambiguo; se negó a decir si la "vuelta al orden constitucional" significaba la restitución del Presidente Zelaya a su puesto. No está claro por qué.


Una semana después del golpe, el establecimiento de la política exterior de Estados Unidos sin ayuda de nadie, de manera unilateral, seleccionó al Presidente Oscar Arias como mediador y pidió que el Presidente Zelaya negociara una solución con el régimen golpista, y que compartiera su gabinete con los golpistas, que ya controlaban otras ramas del gobierno. La señora Clinton expresó su esperanza por el diálogo, cuando el Presidente Zelaya regresó al país sólo para ser reprendido por el Embajador Amselem que, en la OEA el día después, llamó el regreso del Presidente "insensato e irresponsable". Y cuando el "Acuerdo" de San José fue declarado un fracaso, debido a la "intransigencia del regimen según lo aseveró el Presidente Arias, el Secretario General Insulza, el ex Presidente Lagos y todos los demás, la señora Clinton llamó al presidente Zelaya y le pidió que "cooperara con el ex secretario adjunto Shannon que-supuestamente-iba a Honduras para llegar a un acuerdo firmado que le devolvería al poder".


La tinta aún no se secaba en esos acuerdos cuando el designado Embajador de Estados Unidos en Brasil, Thomas Shannon, (quien esperaba que su nombramiento sería aprobado por el Senado de los EE.UU.) declaró que su gobierno no exigía el regreso del Presidente a su oficina y reconocería las elecciones aunque no sucediera ese hecho, eliminando de esa forma el único punto de presión sobre los capos del golpe de Estado a aceptar la restitución. Desde entonces, los diplomáticos de Estados Unidos frenéticamente han presionado a sus aliados de América Latina a seguir su ejemplo en el reconocimiento. Pero ¿dónde está la coherencia y que son los principios?


Supongo que son los mismos que cuando - después del golpe de Pinochet, de acuerdo con Arturo Valenzuela - en medio de la represión monstruosa, el Departamento de Estado declaró "que no eran los Estados Unidos, sino los chilenos que deberían decidir si este proceso era legal". Las cosas no parecen haber cambiado mucho desde que el Dr. Kissinger declaró entonces (y de nuevo Valenzuela es mi fuente) antes del golpe contra Allende "no veo por qué tenemos que quedarnos de brazos cruzados cuando un país va hacia el comunismo debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo." Tal vez esa fue una declaración de principio, un axioma de la doctrina. No mucha gente diría que Honduras "iba hacia el comunismo" con la encuesta del 28 de junio, que pedía un referéndum sobre una reforma constitucional, pero en estos días "democráticos", las cosas pueden ser más rigurosas. La señora Clinton ha comenzado a despejar el misterio, cuando se expresa como un corolario al Principio de Kissinger, su propia preocupación por "los gobiernos que una vez elegidos democráticamente socavan el orden constitucional y democrático, el sector privado y a las personas que no quieren ser presionados". Es decir, se advirtió que ya son lo suficientemente democráticos, el cambio está prohibido. Esto sería un principio muy similar al utilizado por los regímenes autocráticos de impedir los movimientos democráticos de distinto signo. Y aunque podría ser una advertencia para otros, llegó demasiado tarde para nosotros para poder comprender.



Al final, Dr. Chomsky, quiero hacer una pregunta simple: si estoy justificado, como historiador, en llamar a las personas que han hecho estas declaraciones falsas, "mentirosos". O, si esto es injustificado o injusto, o demasiado cruel o incorrecto, ¿cómo los debo llamar?

Conferencia dictada el 15 de diciembre en el MIT, introductoria a la ponencia del Prof. Chomsky sobre Honduras, "El significado del golpe para la democracia aquí y en Latino America."


Traducción libre voselsoberano.com

lunes, 14 de diciembre de 2009

Reaccionan trabajadores culturales ante intención de bautizar boulevard con nombre del dictador Gorileti

Centenares de ciudadanos han reaccionado molestos ante la intención de la corporación municipal de San Pedro Sula de bautizar el reciente remodelado boulevard que conecta el boulevard del norte con la UNAH-Valle de Sula, con el fatídico nombre del dictador de facto.
La cita es a las 9:00 a.m. frente al edificio de la Municipalidad de San Pedro Sula, el día martes 15 de diciembre. En dicha ocasión se entregará una petición y propuesta de nombres de ciudadanos ilustres identificados con el desarrollo de la ciudad.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Logia de los Poetas del Grado Cero Declaran "Héroe Nacional" al Presidente José Manuel Zelaya Rosales

El Presidente José Manuel Zelaya Rosales fue declarado "Héroe Nacional" en la ciudad de Trinidad, Santa Bárbara, por la Logia de los Poetas del Grado Cero.

La poeta hondureña Karen Valladares, en la lectura de su poema "Esta es mi casa", en clara referencia a la patria del presidente Zelaya, en el marco de la Festividad El Paseo de las chimeneas gigantes en Trinidad, Santa Bárbara.

Jorge Martínez Mejía, Fundador de la Logia de los Poetas del Grado Cero en Honduras, declaró "Héroe Nacional" al Presidente José Manuel Zelaya Rosales, destacando su Silla del Presidente del siglo XXI.


Los aberrados golpistas tuvieron su sitio en el imaginario del glorioso pueblo de Trinidad, Santa Bárbara, quienes dedicaron su tradicional Paseo Real de las Chimeneas gigantes al Presidente Zelaya.

Mario de Mezapa, miembro de la logia de los Poetas del grado cero, seccional Honduras, también fue homenajeado por los Artistas en Resistencia.

Trinidad, Santa Bárbara, Honduras, 4 de diciembre de 2009.
A pesar de su silencio prolongado, la Logia de Los Poetas del Grado Cero se han mantenido en permanente observación del aberrado proceso del Golpe de Estado en Honduras. No obstante, en su clandestina asamblea realizada en Bangladesh y dedicada a Lord Byron, los eximios herederos de la maldición han determinado apostar por la lucha que lleva a cabo la Resistencia Hondureña y han determinado mantenerse en permanente contacto con los colegas de la pequeña república centroamericana.
En su disertación, seguida de la lectura del poema El mar de nuestros días, el poeta Jorge Martínez Mejía, Presidente de la Sección Honduras de la Logia de los Poetas del Grado Cero, ha declarado a partir del 4 de diciembre de 2009, a José Manuel Zelaya Rosales (Catacamas, Olancho, Honduras, 20 de septiembre de 1952) “Héroe Nacional”, luego que los miembros de la Logia, por unanimidad decretaran la declaración oficial de próxima divulgación.
El Presidente José Manuel Zelaya Rosales, conocido popularmente como el "Comandante Vaquero" tendrá una silla de honor en la sede central en la República de Honduras, misma que será conocida como Silla del Presidente del Siglo XXI. A la vez, el bloque 7 de la Colonia Miguel Ángel Pavón de San Pedro Sula, llevará el nombre del héroe nacional. Tales declaraciones constituyen parte del decreto de la Logia. El decreto en mención contó con 2666 votos a favor y uno en contra, correspondiente al representante de la logia en la Provincia de Figueres, España.
En los tiempos del golpe de estado, las cosas no se ponen fáciles para la poesía, sin embargo, el mismo presidente Zelaya hizo mención vía telefónica de la alta honra que le confieren los Poetas del Grado Cero indicándoles que su partida de la nación era inminente debido a las evidentes amenazas de muerte a las que está expuesto. Desde su nueva residencia en un país del norte recibirá la distinción, libre ya de toda sombra.


El poeta Jorge Martínez Mejía recalcó que "el presidente Zelaya volverá más intrincado y sabio, listo para el mar de nuestros días".