
Por Jorge Martínez Mejía
Cuando Roberto Bolaño dice que la misión de los Infrarealistas era volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial, se refería no sólo a no mirar con los acostumbrados ojos piadosos a una poética falsa, sino a reventarla, a partirle el cráneo. El problema de los enamorados de la contemplación piadosa es que se entregan con los brazos abiertos a la literatura sin pensamiento. Yo, kamikaze de los Poetas del Grado Cero, los acuso de utilizar materiales inciertos, de construir delicados monumentos para la religión pomposa de la nadería. ¿Podríamos decir que en Honduras tenemos una cultura oficial? No. En Honduras la oficialidad de la cultura no ha estado al mando de los intelectuales de derecha. Casta burguesa que no ha podido construir nada, si es que realmente existe. Sin embargo, de los intelectuales de izquierda, exceptuando algunos casos concretos de la generación madura de los poetas del país, la mayoría de los escritores jóvenes se encuentran anclados, enterrados en las profundidades de una religión muerta parecida al modernismo. O simulan acoplarse a “la realidad” con unas llagas poéticas que dan lástima, pero que nadie entiende. ¿Por qué recubrir con excesiva intención decorativa o aparente dislocación del sentido? Este es un mal que se viene observando desde los ochenta y que no ha sido superado. La poesía no es escondrijo del sentido, ciegas conexiones baladíes, sintaxis caótica por ignorancia. Existe enorme evidencia en una cantidad voluminosa de textos en los que se amontonan imágenes ininteligibles, que no transfieren absolutamente nada al timorato auditorio que aplaude en la más pasmosa y atroz bobería. Un poeta que finge saber construir estructuras artísticas con el lenguaje y un auditorio que finge inteligirlas. La multiplicidad del sentido no se encuentra en el sin sentido, sino en la transparencia universal de la palabra. Volarle la tapa de los sesos a la mala poesía, a la mala literatura que es, hoy por hoy, la cultura oficial, no del estado, sino de una intelectualidad fingida, falsa y mediocre: He ahí la misión.
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