viernes, 24 de junio de 2011

Jorge Martìnez Mejìa, Fabricio Estrada, Francisco Udiel




Jorge Martìnez Mejìa


V



Ya estoy muerto y nada se sabrá del animal que hizo de su gesto una flor.

Rastrera en el polvo, la Poesía,

honda de quedarse quieta,

es sólo un ademán olvidado.

¿Cómo engendrar su negra lagartija?

¿Cómo llamarle pulpo? ¿puta sin casta?

¿Qué habrá en sus hombros si no el halcón de pico y de cabeza alta?

¿Qué más tendrá si no su hierba derrumbada, rugosa, otoñal, bastarda?

La poesía se ha roto.
La linterna cruje, Hécuba mía.





Fabricio Estrada


Juicio parcial para un desertor de la poesía



Porque un día hiciste de la poesía

tu lámpara maravillosa

y usaste de su genio
la palabra filosa
que ahora
se herrumbra en la selva.
Porque un día atestiguaste
la fe sin Dios de por medio
y coleccionaste del mundo
los milagros imprevistos del azar.

Porque en las noches
porque en la rabia,
porque juraste ser de los primeros
cuando la luz del día llamara
y araste con metáforas
la infértil materia del olvido.

Porque ahora finges de notario
y te apresuras por llegar a casa
y te sirven en los restoranes
y callas cuando el jefe grita
y te caes de la puerta de los buses
y te sabes las fronteras de los mapas y organigramas
sin acordarte
que un día cruzaste en bandadas los cielos
y diste palabra a los mudos
e izaste banderas de rebeldía
y soñaste más allá del despertador
y de los rechazos al préstamo bancario
y no decidiste morir con el diagnóstico equivocado
que prometía miserias, congojas
y la misma risa burlona que persigue al payaso
de un circo que no funciona.

Porque ahora
se te caen los dientes cuando mencionas poesía
y bajas la mirada
cuando de reojo
ves pasar la vida
como quien ve pasar
un tren en llamas.

                                                        



Francisco Udiel


QUIERO MORIR EN UN POEMA




Quiero morir en un poema



y nunca levantarme,



dejarme caer en el cetro olvidado



del flanco de un pájaro



ser removido por el viento.



Nadie sabrá que he muerto,



me asfixiaré mil veces en el pulmón



que agoniza en tu pecho,



un cuerpo ahogado



cuando pases,



sin que lo sepas.

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