miércoles, 9 de noviembre de 2011
Un poema de José Luis Quesada
Por José Luis Quesada
Los icacos
Al sur la tierra es seca, desértica, caliente,
pero en el norte los árboles suben vigorosamente
de la tierra.
De igual modo se imponen el prodigio de la
malanga, el helecho gigante, la mano de tigre.
Abajo, en la dulce tierra costera,
alineados frente al mar, florecen los icacos,
parecidos a grupos de avestruces empollando
en la arena.
Yo tuve el privilegio de sestear bajo su sombra
ensortijada,
vagabundo de la poesía, joven triste,
recostado siempre frente al mar
como ante una pregunta o quizás ante una respuesta.
“No tengo que ir a ningún lado para ser
yo mismo”, murmuraba el océano, “ni correr
tras la dicha”, porque si no está en mí es que
no existe”.
Busca la verdad y esparce su semilla
antes que la marea o la duda te borren.
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