Leonard Norman Cohen, poeta, novelista y cantante canadiense, nació el 21 de septiembre de 1934 en Montreal. El 1 de junio de 2011 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Conocido especialmente por su faceta de cantautor, sus letras son muy emotivas y líricamente complejas; ha vivido en Montreal, Londres, Grecia, Nueva York y Los Ángeles. Sus tres ejes temáticos predominantes, el amor, la religión y las relaciones de pareja, deben más a los juegos de palabras y metáforas poéticas que a las convenciones de la música folk. Cohen canta con una voz peculiarmente grave, ha influido en muchos otros cantautores y sus canciones han sido interpretadas por muchos otros artistas. A causa del pesimismo que irradia su música, la prensa lo ha considerado "el depresivo no químico más poderoso del mundo".
Los temas recurrentes en la obra de Cohen son el amor y el sexo, la religión, la depresión psicológica, y la música en sí; aunque también ha abordado otros asuntos políticos, lo ha hecho a veces de modo ambiguo.
Uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar.
Lo mismo
me ha pasado con el dinero,
las mujeres y las charlas a última hora de la tarde.
Dónde están los poemas
que me alejaron
de todo lo que amaba
para llegar a donde estoy
desnudo con la idea de encontrarte.
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Escuchando en todas las esquinas
A veces recuerdo
que he sido elegido
para perfeccionar a todos los hombres;
me lo recuerdan las luciérnagas,
el arroyo que pasa al lado de mi cabaña.
Si yo hubiera tenido que ser poeta
no podría hacer
los perfectos anillos de humo
por los que soy bien conocido;
me distraería
la posible belleza de mi pluma,
pero no lo soy;
me perdería,
me habría perdido con las mujeres
que tan implacablemente perseguí,
pero no lo hice,
yo estaba llamado a ser
la semilla de vuestra nueva sociedad,
yo estaba llamado a ser
el rey invisible y sin corte.
Yo soy eso:
el más claro ejemplo de realeza
que te sirve esta noche
mientras hace la cama para el perro
y las luciérnagas brillan
a sus distintas alturas.
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Has gemido alguna vez debajo de mí,
Virgen de la Amnesia.
He olvidado si te rendiste
y
déjame ser tu flamante juguete nuevo.
Soy el primero
en usar tus grilletes como si fueran
pulseras,
espía y traidor número uno
en los campos del cuarto de la pensión.
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